Hay proyectos que se explican solos cuando los visitas. Y hay otros que, además, te dejan pensando durante días. Esto es lo que nos han enseñado los dos últimos Terceros Lugares que hemos visitado. Dos iniciativas que, aunque separadas por cientos de kilómetros y con orígenes muy distintos, comparten algo fundamental: la convicción de que el medio rural no solo se puede habitar de otra manera, sino que merece la pena intentarlo.
Hoy os contamos la historia de SOMTRIBU, en Navata (Alt Empordà, Girona), y de La Florida del Valle, en Guadalcanal (Sevilla). Dos terceros lugares agroalimentarios que son, cada uno a su manera, una lección de coherencia, esfuerzo y comunidad.
SOMTRIBU: cuando el pueblo ideal lo construyes tú
Un huerto, una casa y muchas manos
Si alguna vez has soñado con dejar la ciudad e irte a vivir al campo con un grupo de gente afín, probablemente te hayas topado con el mismo problema que Jaume, Yolanda y Montse: encontrar el lugar perfecto es imposible. Y si esperas a que aparezca, puede que nunca des el paso.
Ellos lo tenían claro. Después de años buscando por el Montseny, el Empordà y media Cataluña, se dieron cuenta de que el precio de la vivienda en las zonas rurales —especialmente en las más turísticas— estaba por las nubes. Así que tomaron una decisión estratégica: comprar una finca en Navata, un pueblo de 1.200 habitantes, y construir allí su propio proyecto. No el ideal, pero sí el suyo.
SOMTRIBU es una cooperativa integral de vivienda en cesión de uso y de consumo. Suena a jerga técnica, pero en la práctica significa algo muy sencillo: un grupo de personas que han decidido vivir juntas, compartir espacios y recursos, y gestionar todo de forma asamblearia. El huerto, la cooperativa de consumo, el obrador compartido, la hospedería… todo forma parte de un mismo proyecto de vida comunitaria.
«Nos regía una filosofía que es la B3: que todas las cosas sean buenas para mí, buenas para nosotros y buenas para el universo», explica Jaume, presidente del Consejo Rector. «Yo tengo dos manos y un cerebro, pues ahora tenemos seis manos y tres cerebros».
El futuro: una confederación de SOMTRIBU
Cuando les preguntas por el futuro, lo tienen claro. Les gustaría que su modelo se replicara por todo el territorio. «Me imagino una confederación, que haya muchas SOMTRIBU repartidas por el territorio y que garanticen la supervivencia de estos proyectos tan transformadores», dice Jaume.
Y es que, a pesar de las dificultades —la economía, la incertidumbre de la participación, la lentitud de los procesos—, en SOMTRIBU hay algo que contagia. Una energía, una convicción de que están haciendo algo importante. Algo que va más allá de ellos mismos.
La Florida del Valle: donde el tomate cuenta historias
Una casa, una huerta y una familia
Si viajas a Guadalcanal, en el norte de la provincia de Sevilla, y preguntas por La Florida del Valle, es probable que alguien te diga: «Ah, sí, la casa donde hacen cosas». Porque La Florida es muchas cosas a la vez: casa rural, espacio gastronómico, centro cultural, punto de encuentro. Pero, sobre todo, es un proyecto familiar que ha ido creciendo con el tiempo.
Javi del Castillo es arquitecto y gestor cultural. Hace unos años, heredó de sus padres la gestión de una casa rural que llevaba décadas funcionando. Pero él quería otra cosa. Quería que aquel espacio fuera un lugar donde compartir conocimiento, semillas y productos de la comarca. Donde los agricultores y ganaderos de la zona tuvieran un sitio donde encontrarse, contar sus historias y vender lo que producen.
«La única manera de que no se pierda el conocimiento es compartirlo», dice Javi. Y eso es exactamente lo que hacen.
La huerta de siempre, ahora con cooperativa
La huerta de La Florida tiene unos 20.000 metros cuadrados y nunca ha dejado de plantarse. Primero fue el bisabuelo de Javi, luego su abuelo, luego su padre. Y ahora él. Siempre ha habido excedentes, siempre se ha regalado comida a amigos y familiares. Hasta que un día se dieron cuenta de que tenían 90 kilos de tomates a la semana y no sabían qué hacer con ellos, así nació la Feria del Tomate, queridísima por toda la zona que se celebra cada año el tercer fin de semana de agosto.
Hace poco, Javi y Luz —que lleva varios años trabajando con él— decidieron dar un paso más y crear una cooperativa. La Florida del Patio, se llama. Una cooperativa que, de momento, solo tiene dos socios, pero que quiere ir creciendo. «La idea es que todo lo que hacemos aquí pase a formar parte de la cooperativa», explica Javi.
Aunque uno de los grandes obstáculos que enfrentan es la certificación ecológica. «Vemos que se produce mucho producto de mucha calidad, mucho producto ecológico, pero las certificaciones para que los productos ecológicos de verdad tengan su etiqueta y puedan comercializarse… no encontramos cauces sencillos», lamenta Javi.
Un nodo en el territorio
Cuando le preguntas a Javi por el futuro, no habla de grandes planes. Habla de personas. «Me gustaría poder permitirme vivir en este espacio y producir en este espacio y que eso fuera sostenible económicamente», dice. «Para eso necesito una comunidad de personas que también quieran lo mismo».
Y es que, en el fondo, de eso se trata. De crear nodos que consigan juntar a gente que, de otra manera, estaría sola. De recuperar un tejido productivo de altísima calidad que se está perdiendo. De demostrar que otra forma de vivir y producir en el medio rural es posible.
Dos proyectos, una misma pregunta
Ambas iniciativas forman parte de ese universo creciente de terceros lugares agroalimentarios que están demostrando que la agricultura sostenible, la alimentación consciente y la vida comunitaria no son utopías, sino realidades que se construyen día a día, con esfuerzo, con errores y con muchas ganas.
Y si algo hemos aprendido de estas entrevistas es que, al final, el éxito de estos proyectos no se mide en euros, sino en relaciones. En personas que se conocen, que comparten, que se ayudan. En comunidades que se tejen a fuego lento, como un buen guiso.
Porque, como dice Jaume, «el dinero no es el principal obstáculo. El principal obstáculo es querer hacer las cosas».
Y estos dos proyectos, sin duda, quieren hacerlas.